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La ciudad como tablero de juego. Taller con Los Bárbaros en Caminar


El grupo de aprendizaje sobre otras formas de mediar, Caminar, clicar desplazar, que venimos realizando en colaboración con el departamento de educación del MNCARS, llegó a su fin con la propuesta del nodo de Mediación Ambulante.


Nuestra última sesión fue en octubre de 2022 y tomó forma en el taller Ciudad-Ficción diseñado por Los Bárbaros, un proyecto de Javier Hernando y Miguel Rojo que trabaja con la posibilidad de crear espacios de encuentro y reflexión desde los que poder cuestionar el mundo contemporáneo desde diversas perspectivas que orbitan en torno a cuestiones relacionadas con la identidad contemporánea, el poder o las formas de relacionarnos.

Tras los dos talleres que arrancaron el ciclo, en los que, de la mano de Sofía Montenegro y de Esther Rodríguez-Barbero, nos sumergimos en una apertura a la percepción del espacio desde distintos lugares, con la sesión de Ruta de Autor en septiembre, inaugurábamos un segundo bloque en el que ese interrogar al paisaje daba lugar a la potencialidad de las narrativas, una línea en la que la propuesta de Los Bárbaros seguía profundizando a través del trabajo con la práctica escénica.


Como arranque del taller, apenas unas pocas palabras, la lectura de una cita literaria que invitaba a abrir una nueva mirada y una serie de instrucciones que nos proponían un camino para sumergirnos en un paseo por la ciudad que realizaríamos de forma individual para después volver a encontrarnos y compartir la experiencia.

Las instrucciones son claras. El primer paso es observar atentamente a tu alrededor, ver lo que está pasando y a partir de ahí tres pautas claras: Elegir una persona sobre la que proyectamos un rol, perseguirla durante un tiempo determinado y fantasear sobre este personaje. Una vez terminado el tiempo, una serie de preguntas nos invitan a detenernos e interrogar la experiencia antes de pasar a la siguiente propuesta, que nos vuelve a poner en movimiento.


Finalmente, con todo lo recolectado, se propone hacer un ejercicio final en el que volver a detenernos y transformar esta experiencia en un relato. A continuación, llega el momento de volver al encuentro con el grupo y de poner en común la experiencia a través de las impresiones que nos han ido asaltando a lo largo de nuestro caminar y de la lectura de algunos relatos para compartir las narrativas construidas a partir de la propuesta.

Toda la propuesta estaba orientada a la creación de una narrativa, a partir de una serie de pasos que construyen una estructura sencilla: primero debes tener un objetivo, después debes encontrar un obstáculo o un problema y ante esto, como protagonista, debes buscar estrategias para conseguir tu objetivo, buscar soluciones y aliados en el camino. Con cada paso nos vamos sumergiendo más en una ficción personal que vamos construyendo a partir de una serie de ingredientes: las instrucciones, nuestra imaginación y lo que va saliendo al encuentro según caminamos por la ciudad.


Aparece lo inesperado, aquel lugar por el que nunca habríamos ido si no fuéramos siguiendo unas instrucciones. Y el vernos forzadas a tomar determinadas decisiones que no surgen de nuestro deseo, sino que a menudo lo confrontan amplifica nuestra atención, abre una brecha en nuestra mirada desde la que el entorno adquiere un halo de extrañeza, entre la realidad y la ficción.


Así va surgiendo una de las cuestiones clave en el trabajo de Los Bárbaros, la noción de la ciudad como escenario. Un escenario que cobra vida y se abre a lo inesperado, generando una serie de puntos de intensidad que nos atraviesan. Son esos puntos de colisión entre realidad y ficción los que permiten amplificar la realidad e interrogarla.

Ellos entienden la práctica artística como una herramienta que es poética pero también política, una apertura a la posibilidad de transformar imaginarios y con ellos la realidad. Por ello, entienden cada una de sus acciones como un plan para enfrentarse a algo, en este caso a una ciudad que afronta grandes problemas en la contemporaneidad, entre los que destacan la falta de acceso al espacio público y el adelgazamiento de este en favor de la privatización de los espacios, una muestra más de cómo la noción de productividad nos atraviesa en todas las esferas de nuestra vida, convirtiendo los espacios de la ciudad en un tránsito que cumplimos para producir o consumir. De tal manera, que como ejercicio de subversión de estas dinámicas, nos hemos apropiado de la idea de caminar sin un objetivo determinado, sin una finalidad, habitando un proceso que no sabemos a dónde nos lleva.


La propuesta, nos invita a tratar de recuperar el espacio público como un lugar donde pasan cosas, como un espacio donde los vínculos toman el protagonismo, resignificando la propia ciudad y abriéndonos a la posibilidad de que se precipiten nuevos acontecimientos que tengan que ver con lo colectivo y lo social. En definitiva, abrirnos a nuevas formas de imaginación.


En la segunda sesión del taller pudimos asomarnos a algunos de los trabajos del colectivo relacionados con las temáticas del taller y explorar algunas de las cuestiones sobre las que reflexionan una y otra vez en sus proyectos.

La dimensión narrativa de la ciudad, cómo se encuentra cargada de toda una serie de discursos que lejos de estar fijados, pueden someterse a nuestras decisiones cuando entendemos la ciudad como un escenario de ciencia ficción, donde especular con otro tipo de escrituras y relatos que se transforman en gestos poéticos y políticos, que proponen nuevas formas de entender los espacios que habitamos, y que apuestan decididamente por generar vínculos y nuevas dinámicas de relación desde otras lógicas.


Tras acercarnos a todas estas cuestiones, nuestra segunda sesión incorpora una nueva práctica en la que usaremos el caminar por la ciudad para abrirnos a nuevas narrativas y miradas usando de nuevo la palabra y desde un viaje de ida y vuelta de lo personal a lo colectivo.


El primer paso es escribir una carta a otro habitante de esta ciudad a quien no conocemos para después meterla en su sobre y llevarla en nuestro caminar en grupo. En cada parada, vamos escuchando la lectura de una carta y con ella se añaden al paisaje nuevas capas, llenando nuestro caminar de fragmentos de historias personales que nos hablan de deseos, experiencias, miedos…


Una carga emocional que va creciendo para llegar a una propuesta final de diálogo con la ciudad y con esa persona desconocida: dejar nuestro mensaje en un lugar especial es un dejar ir que a su vez se convierte en una memoria imborrable. Una suma de momentos sutiles, que cada una de las personas implicadas vive de forma subjetiva, pero que va generando un tejido colectivo que desemboca en una experiencia cuya fuerza reside en esa emocionalidad compartida, ese momento final en el que de repente todo toma forma y se desvela cómo todas las palabras escuchadas han ido generando un paisaje otro ante nuestros ojos para mostrarnos que esas calles mil veces recorridas se transformaban en una nueva ciudad.


Al cierre de la propuesta, el plan es despedirnos y marcharnos, pero la fuerza de lo compartido invita al reencuentro para cerrar este ciclo como se merece… compartir lo vivido, emocionarnos... risas, conversaciones y promesas de futuros encuentros.


Todos estos meses caminando juntas, han hecho que la ciudad cobre una nueva vida, cargándose de nuevas lecturas, experiencias y vínculos, de espacios donde la palabra genera nuevas miradas, donde nuestro cuerpo se abre a una percepción amplificada. Una ciudad para zambullirnos en historias olvidadas o generar aquellas que deseamos, en definitiva un espacio donde juntas hemos creado una realidad compartida que, a lo largo de este tiempo, hemos hecho propia.


¡Muchas gracias a todas las personas que nos acompañaron en este camino por todo lo compartido! Seguimos pensando las calles.


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