ABRIR TU CASA, INVITAR A ENTRAR Y A QUEDARSE, COCINAR CON LO QUE TRAEN LAS INVITADAS
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Actualizado: hace 2 días
Nos paramos para invocar aquello que dejamos atrás.
Invoca Madrid
Con este ritual invocamos el Madrid que fue y recogemos
sus paisajes, sus recuerdos, las enseñanzas que atesora
para abrir una puerta que nos lleva a invocar un Madrid deseado,
un lugar común donde soñar una ciudad para todas que no sea una utopía*.
La primera imagen es una maraña de líneas, una especie de laberinto en el que es difícil determinar dónde empieza una línea y dónde acaba otra. Pasan insistentemente una y otra vez por los mismos lugares, unas veces se desvían un poco pero sin alejarse demasiado de las anteriores, otras se fugan y se van lejos de las otras líneas, dejando que aparezca una segunda imagen.
La base sobre la que se amontonan estas líneas queda visible en algunas zonas dejando intuir un dibujo diferente al del enredo del primer plano. Aquí hay orden y se intuye cierta planificación… En la conjunción de estas dos capas surge la tercera imagen.
Si pudiéramos dibujar sobre un mapa lo que han supuesto diez años de recorridos, derivas y acciones en el espacio urbano, seguramente nos devolvería una imagen como la que acabamos de describir, una superficie llena de esas marañas y borrones que se han ido concentrando en determinadas zonas, de tal manera que a base de recorrerlas una y otra vez, el mapa original casi desaparecería sobre esas trayectorias que se superponen y que generan una nueva forma de mirar ese lugar, un nuevo mapa.
Invocar Madrid parte de la idea de asomarnos a este otro trazado, de mirar esa imagen e interrogarla, detenernos en ella para ir cogiendo cabos que quizás atar, leyendo fragmentos, conectando momentos y territorios, evocando un Madrid que ya ha sucedido, haciendo que tome forma en el presente y generando un espacio en el que convocarnos para invocar un Madrid que está por suceder.

Fotografía de Emilio Álvarez
Recolectar, reordenar, releer
El acto de invocar tiene mucho que ver con hacer presente algo que no está. Así, nuestro primer paso tenía que pasar por hacer un ejercicio de memoria.Teníamos un archivo extenso, lleno de fragmentos de conversaciones y experiencias, de paisajes perdidos, de secuencias de hechos, que transformaban barrios y vidas, de dinámicas que atomizan e iniciativas que vuelven a abrir espacio a lo colectivo.
Nuestra propia historia, nuestra forma de relacionarnos con la ciudad en los últimos diez años ha generado un dibujo claro, nos hemos estado moviendo en torno a una serie de centros, unos territorios que hemos recorrido insistentemente, generando capas y capas de lecturas que se reflejan en los materiales de archivo.
Sin duda, ha habido sitios por los que nos hemos movido mucho más que por otros, pero esos otros, esos que se quedaban fuera del mapa también han determinado la forma en que nos hemos acercado a nuestros centros. Esta dinámica entre la idea de centro y la periferia o los márgenes, tan determinante cuando hablamos de procesos urbanos, pero también tan rica para reflexionar sobre el lugar desde el que nos acercamos a la cosas, aparece desde el inicio para pensar la exposición.

Fotografía de Emilio Álvarez
Recogerlo todo era imposible, la propia naturaleza del archivo es fragmentaria, la de la memoria también, nos llega a cachitos, y es cuando vamos hilando esas porciones de recuerdo, cuando las movemos de lugar, las activamos y jugamos a completarlas, cuando toman cuerpo y se abren a componer un relato más amplio.
Pero no podíamos hacer nuestra una memoria de algo generado desde lo colectivo, y por ello quisimos buscar un espacio para leer el recuerdo desde otro tiempo, otro lugar, otras miradas y otras voces.
Son las conversaciones, las preguntas, los debates, los que han ido dando forma a todo lo que ha pasado en ese tiempo y ese espacio que ha ocupado Invocar Madrid. Desde la experiencia del comisariado colectivo junto a Mía de Diego y Jara Blanco, hasta las conversaciones en sala, desde las reflexiones escritas que han ido componiendo el espacio de mediación, hasta los recuerdos compartidos una vez clausurada la exposición en sala.
Invocar la presencia
Hoy nos hemos reunido para convocar un ritual,
para generar una huella que permanezca en los espíritus y
en los cuerpos que luego caminarán por la ciudad
llevando algo de la agitación de estar juntas.
Cuando invocamos llamamos y hacemos presente lo que no estaba.
Coro: Madrid te invocamos*
Para nosotras, que nos entendemos como mediadoras culturales, pensar en cómo reflejar nuestro trabajo desde los códigos del lenguaje expositivo fue todo un reto, pues nuestra producción cultural siempre tiene mucho que ver con lo colectivo, con lo efímero, con formas de hacer marcadas por lo intangible y lo dinámico.
Las cartografías que ocupaban las paredes del CCC Quinta del Sordo no eran una foto fija de un momento pasado, tampoco una lectura cerrada de una serie de hechos, su vocación era generar un espacio liminal, un lugar que presentara de forma simultánea diferentes tiempos y espacio invitando a un recorrido propio por ellos, a medio camino entre la experiencia individual de quien visita la sala y la experiencia colectiva que se despliega en las paredes, que se ubica entre la mirada al pasado desde el presente y la proyección hacia el futuro.

Fotografía de Emilio Álvarez
En el tiempo que duró la exposición, todos estos cruces dieron lugar a nuevas historias que fueron dejando resonancias a su paso, y gran parte de estos diálogos, reflexiones y aportaciones, fueron apareciendo a lo largo del programa de actividades paralelas, desde las visitas comentadas y las experiencias que trajeron las invitadas y participantes.
Las primeras fueron las compañeras de La Chivata que vinieron a poner en diálogo su experiencia en Almagro con el proyecto El picao+ , un proceso colaborativo que tomó forma en un recorrido construido desde la memoria, entre el pasado y presente.
Fotografías de CCC Quinta del Sordo
La idea de sintonizar tiempos estaba muy presente en la propia exposición, tanto desde el punto de vista formal como desde el emocional y experiencial, un tema clave para nosotras ya que una de las cosas más valiosas que nos ha traído este proyecto son las redes afectivas que hemos ido tejiendo a lo largo de estos 10 años.
Fotografías La Liminal
Así, la exposición estaba llena de caras conocidas que nos han acompañado una y otra vez, de regalos que nos han ido haciendo tras estas experiencias, como los dibujos de Isabel Martín. Invitar a Isabel a poner en marcha Ciudad, poesía y cantes. Un recital sobre el vivir, lo cotidiano y las ancestras, fue un regalo doble, con una patita en cada uno de los lados de esa frontera en la que se mueve este proyecto. Porque pudimos disfrutar de su poesía y su forma de ponerle cuerpo a la suma de invisibilidades del cuerpo femenino cantado desde su tierra, Andalucía, y también disfrutar de hacer realidad ese deseo de entender el espacio expositivo como lugar de encuentro y reencuentro.
Un reencuentro fue en cierto modo el paseo de escucha colectiva de Dame tu fuerza Pegaso que nos conectaba con una experiencia que nos transformó profundamente e hizo que afrontáramos el espacio urbano y los lugares cotidianos de forma diferente, la crisis sanitaria vinculada al Covid19.

Fotografía Mía de Diego
Fueron meses en los que dos cuestiones clave se transformaron: el espacio público y el encuentro colectivo, siendo primero cancelados y, luego, fuertemente limitados. Pero las ganas de estar juntas y de movernos en cuanto pudimos eran imposibles de frenar. Tocaba reinventarse y pensar de qué forma podíamos hacer las cosas que queríamos hacer en el nuevo marco que estábamos viviendo. Lo primero fue caminar juntas aunque fuera en diferido, con la propuesta de las Derivas cruzadas, después vino esta idea de caminar juntas desde el acompañamiento de lo sonoro, con Dame tu fuerza Pegaso.
En este paseo, es la voz la que te susurra y acompaña mientras caminas, una forma a la que posteriormente hemos vuelto una y otra vez, con piezas pensadas para pasear y compartir experiencias desde la dimensión sonora, como en la Relatoría de Nos queda la noche.
A menudo hacemos relatorías de los proyectos, es un ejercicio de memoria, de contar lo que ha pasado, de dejar una huella. El trabajo con la fragilidad de la memoria y con formas de transmitirla era el tema clave del conversatorio con los proyectos de Obreras sin Fábrica y Lavanderas ambos centrados en la memoria de las mujeres, en dar voz a quiénes permanecieron invisibles por ser relegadas al ámbito de los cuidados en un mundo cuya progresiva industrialización fue invisibilizando y quitando su valor, estableciendo diálogos que van desde el espacio del lavadero como lugar de encuentro a las colonias obreras, de las Cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Embajadores, a las mujeres que protagonizaron las Huelgas de INDUYCO en los 70. Una serie de experiencias que se armaron buscando las redes de solidaridad en el entorno inmediato, en el pueblo o el barrio.

Fotografía Emilio Álvarez
Incluso en aquellos barrios que a priori estaban pensados para favorecer cualquier cosa menos la unión vecinal, como los que retrata magistralmente Reyes Gallegos en Ellas en la ciudad, y que tanto nos recuerdan a los barrios que hemos caminado a través de las voces de las Cartografías de Memorias de las Luchas vecinales. Marcados entre ellos por sus diferencias, algunos separados por cientos de kilómetros… Pero todos con una historia en común: el olvido de quiénes habitaban estos barrios, las mujeres. Un olvido que toma cuerpo en un urbanismo pensado para el aislamiento pero al que, las mujeres que dan cuerpo al documental, se resistieron generando espacios de convivencia que las sostuvieron y las hicieron fuertes.
Fotografías de Emilio Álvarez
Nosotras, también somos hijas de este modelo y, dado que nacimos en familias de clase obrera, nos tocó criarnos en esas periferias pensadas para alojar a las masas de trabajadores que tenían que sostener la producción en los centros de las ciudades y en las periferias industriales.
Esto ha marcado nuestra relación con el paisaje de la ciudad y particularmente con el centro urbano y la forma en la que lo miramos. El centro como objeto de deseo, como ese lugar donde pasa todo, pero un espacio que siempre está al otro lado, puedes quedarte un rato si quieres, pero para las que somos de periferia siempre hay algo que te dice que no perteneces a este lugar.
Sobre pertenencia, identidad, miradas y movimientos entre centro y periferia conversamos con Aida Dos Santos y Esther L.Calderón, una charla entre El hormigón y las pipas, donde se evidenció que este habitar la periferia también tiene sus mitologías y que en absoluto es una forma de estar en el mundo que podamos considerar monolítica, sino que se abre en un abanico de complejidades que tiene que ver con cómo nos relacionamos con nuestros orígenes, nuestros deseos y las expectativas, algunas propias otras heredadas.
Relaciones o formas de entendernos que se están moviendo permanentemente, como comprobamos a lo largo del tiempo que estuvimos trabajando en Móstoles con el programa Ciudad Sur, revisitando, rememorando y releyendo lugares que se abrían a una gran riqueza de interpretaciones que tenían que ver con el lugar desde el que se posicionaban las distintas personas del grupo que tanto nos dieron a lo largo de esos dos años.
Este revisitarse a una misma, a tus experiencias, tus memorias, tus expectativas, ese interrogarte acerca de cuestiones que dabas por sentadas ha sido uno de los procesos más enriquecedores que nos ha traído Invocar Madrid.
Para nosotras ha sido verdaderamente ese espacio liminal en el que detenernos a hacernos preguntas y a jugar con las múltiples respuestas posibles, ponerlas en diálogo con nuestros deseos y nuestros miedos, especular sobre el futuro...en definitiva dejarnos llevar por lo que la exposición nos ofrecía.
Una nueva maraña
¿Has escuchado las voces que te habitan?
Coro: Madrid te invocamos
Quieren seguir viviendo, volver a hacerse presentes
Coro: Madrid te invocamos
Este espacio liminal tan enriquecedor nos pedía un cierre marcado por la fiesta. En este caso, CHICO TRóPICO fueron las maestras de ceremonias de un ritual que más que de cierre, era de apertura, una invocación al futuro, tanto de nuestras vidas y nuestra ciudad como de la propia sala, que pronto sería habitada con una nueva propuesta de CHICO TRóPICO y Todo por la Praxis, la actual exposición Cañada en el centro.
Fotografías de Mía de Diego
El ritual invitó a juntarnos, a sacudirnos juntas, a dejarnos atravesar por voces del pasado para proyectar nuestras voces al futuro, sumarlas y amplificarlas.
Al cierre de la fiesta el suelo estaba lleno de tarjetas cargadas de invocaciones sobre nuestro futuro y el de la ciudad. Esta es la primera imagen
A medida que íbamos recogiendo las tarjetas del suelo, después de una mañana festiva repleta de bailes, abrazos, conversaciones, alguna lágrima y muchas risas, nos íbamos dando cuenta de algo. Porque ese manto de tarjetas que cubrían el suelo de la quinta eran un reflejo de una capa invisible que recubría el resto de la exposición, como una tela fina, de esas casi transparentes que colgara del techo y que reflejara todo lo que fueron dejando los encuentros de estos meses superpuesta a lo expuesto en las paredes, como un palimpsesto. Esta es la segunda imagen.
Cada conversación, cada lectura, cada recuerdo que venía a la cabeza y se compartía, cada futuro invocado, suman ahora una serie de fragmentos que no sólo componen una imagen, sino que son un coro de voces.
La clave no es recordar lo que ha pasado, es invocarlo y hacerlo presente. Es en ese cruce entre imágenes y palabras donde se ha generado algo nuevo, donde Invocar Madrid está tomando forma para traer una nueva lectura compuesta de multitud de voces.

Fotografía de Emilio Álvarez
En los próximos meses, presentaremos las piezas que surgen del proceso de la exposición, un material para ver, tocar y escuchar, un trocito de lo que ha pasado que nos podremos llevar a casa, para volver a mirarlo, para volver a escucharlo, para darle nuevos significados y usos… para dejar que en cada momento ocupe un espacio diferente en ese mapa propio de Madrid que todas nos inventamos cada día.
* Extractos del ritual de cierre de Invocar Madrid

















