DERIVA#5 El cierre de un ciclo y el psicomago que nos abrió la puerta

Todos los ciclos tienen un principio y un final, y nuestro paso por Condeduque se acerca a su fin trayéndonos este mes de mayo la última de las derivas urbanas. Vamos concluyendo ya lo que han sido dos años de exploraciones urbanas en las que el azar y la sorpresa nos han traído pequeños y grandes descubrimientos sobre la ciudad y, especialmente, muchos encuentros estupendos con gente que nos ha aportado muchas cosas.


Cerramos pero también nos abrimos a lo que está por llegar, por ese motivo quisimos que nuestra quinta y última deriva, Una lectura de cartas, una lectura urbana, jugara con la idea de la incertidumbre y la proyección de futuros posibles, una idea que pusimos en marcha volviendo de nuevo al entorno de Condeduque, donde nos dimos encuentro en la puerta de entrada de la umbraesfera, ubicada en la plaza popularmente conocida como Plaza de la Luna, con el deseo de dejar atrás nuestras certezas para entregarnos a otras formas de percibir la realidad y sumergirnos en el pensamiento mágico, para experimentar con otras vías de construcción de narrativas y formas de mirar.


Pero este deseo no es tan fácil de cumplir, ya que las lógicas que utilizamos en nuestro día a día están tan interiorizadas que a veces parece imposible romper con ellas. Por ello, el pensamiento mágico siempre ha generado sus propios vehículos para construir narrativas y ofrecernos otras formas de mirar. Uno de esos caminos es el tarot, una baraja tradicionalmente usada para la cartomancia.

El tarot es en gran medida un juego que, guiado por el azar de las cartas que se van extrayendo, nos ofrece una lectura, una propuesta de narrativa. Esta lectura es posible porque las imágenes que lo componen son imágenes arquetípicas, una serie de códigos que a la vez tienen una lectura compartida y una totalmente abierta, de este modo se puede decir, citando a la tarotista Marianne Costa, que el tarot es una especie de mapa del mundo.


Desde esta perspectiva, el uso del tarot y el juego que propone la deriva, tienen mucho en común, ya que el paisaje urbano puede ser entendido como un gran texto en el que el caminar supone una forma de lectura y re-escritura, una suerte de mapeado del territorio, en el caso de la deriva, de nuevo marcado por el azar.


Con todas estas ideas como punto de partida arrancamos la deriva lanzando preguntas a la ciudad que fueron respondidas desde las cartas del tarot, siendo ellas las que nos invitaron a movernos y orientaron nuestro rumbo...

¿Quién vivirá ahora en el piso de la calle Ballesta en el que vivía yo? Ante esta pregunta el tarot nos ofrece la Rueda de la Fortuna, ¿qué mensaje nos está lanzando?, ¿quizás ahora la casa es propiedad de un banco? Puede que la respuesta esté en la rueda del pasapalabra que nos encontramos en la plaza, pero nos acercamos y las ruedas se multiplican. Algunas nos llevan a pensar en lo que sucede bajo nuestros pies, el respiradero del parking y sobre él un mensaje para Ucrania, ¡Resiste! Necesitamos saber si el piso resiste, si es cualquier otra cosa o quién lo habita. La carta nos invita a dirigirnos hacia allí.


Cuando llegamos una puerta cerrada nos impide el paso, para continuar debemos llamar, pero ¿qué decir? Somos una convención de tarotistas y las cartas nos han traído hasta aquí, suena surrealista, posiblemente convincente y en nuestros oídos empieza a tornarse incluso real.


Con esta coartada bajo el brazo llamamos, no hay respuesta. Silencio, espera, otro intento y más silencio. Entonces el psicomago nos abre la puerta y nos permite cruzar el umbral donde nos recibe un casillero vacío, ni una pista a la que agarrarnos. Hay que ir más allá, subimos hasta la puerta y una cruz roja grabada sobre la misma nos indica que hemos llegado a nuestra meta y que es el momento de volver a preguntar al tarot.

La Torre nos invita a buscar una respuesta a la pregunta de cuándo dejará de hacer este horrible calor en esta ciudad. En la imagen, la torre arde en llamas, como nuestros cuerpos en esta mañana calurosa, miramos a nuestro alrededor, buscando hacia dónde guiar nuestros pasos... una torre famosa está muy cerca, el edificio Telefónica, que tantas veces presentó una imagen similar a la de la carta, pero no la tenemos a la vista. Hay una torre más pequeña, coronada por una terraza, nos acercamos a ella y entonces accedemos a nuestro destino, pero no desde la vista, que era tal y como lo buscábamos, sino desde el sonido. Cuando suenan campanas sabemos que si seguimos el camino llegaremos a la torre buscada.


El fuego aparece en el camino, las Aseguradas de incendios, nos recuerdan que la torre tiene que ver con aquello que cae por su peso, por el destino, lo que nos lleva a preguntarnos si realmente este es inevitable.

La torre nos recibe rodeada de soldados con espadas, como los que caen en la carta, y tiene también una especie de rueda de la fortuna en la fachada. Queremos entrar en la torre, subir hasta lo alto, la rodeamos y encontramos un mensaje, en su interior una placa nos dice que aquí se casó Rosalía de Castro y recordamos que otra placa indicaba una de sus viviendas en el camino ¿quién vivirá ahí ahora?


En la plaza que se abre a los pies de la torre encontramos un mercadillo cuyas mesas, ante nuestros ojos, se nos muestran como bodegones de pistas. Queremos leerlas, saber qué nos dicen, pero nuestro camino nos lleva a un elemento que no tiene que ver con esta ocupación efímera sino que siempre está presente en la plaza. Frente al fuego del calor abrasador, un remedio para sofocarlo, las fuentes públicas, un niño jugando, reaparecen los números. 007, el revés del número 70 que vemos en la carta, es la torre invertida lo que vemos. El agua simboliza la resolución de conflictos, quizás una ciudad más humana y cuidadora ayudaría a suavizar los episodios de calor, quizás la clave es cuidar lo esencial.


El siguiente giro del azar nos lleva a preguntarnos si se convertirá El Viso en una granja escuela popular. Aparecen el sol y la luna, de nuevo los números, 20, 200, un símbolo femenino y una posible Atenea. El Ciclo nos invita a movernos a una Grecia cercana.

En la esquina de nuestra Grecia de barrio, reaparecen la Torre y el Oso que acompañaba a La Rueda de la Fortuna, lo que nos indica que vamos por buen camino. Pero nuestra carta simboliza el cambio, así conocemos el futuro de El Viso y sabemos que toca cambio de rumbo. Giramos la calle y en nuestro camino, no podemos dejar de pensar en ese cambio que ha reconfigurado Malasaña, en las fuertes transformaciones que ha sufrido este barrio y de cómo algunas capas que aún recordamos, ya han desaparecido del paisaje.


Llegamos al templo que nos señalaba la carta, tres frontones lo culminan, el sol y la luna adornan su fachada, nos asomamos al interior y descubrimos el engaño, el templo ahora es otra cosa, de nuevo cambios, ya no hay hielo aquí dentro, ya no es una fábrica, ahora, en este barrio, otras formas de producción se abren paso.


Lanzamos la siguiente pregunta, ¿Almeida y Ayuso seguirán entre nosotras?, una mano inocente extrae la carta y vemos El Mundo, símbolo de la plenitud, la que consigue todo lo que se propone. La lectura parece clara, pero buscamos más elementos. Vuelven los números, 400, 22, eso es, quizás 2022 sea su último año, también les rodean animales y aunque ellos son sin duda animales políticos, parece que también les acechan otros.

Nos guían los animales en el camino: un topo, un mapache, vuelve la rueda de la fortuna acompañada de su oso... Los animales de la carta son los mismos que representan a los cuatro evangelistas, las calles que ha puesto a nuestros pies la deriva son calles de santos y ante la duda, esta es la pauta que guía nuestro camino hasta una plaza donde vemos claro que si queremos seguir esta línea nuestro destino es La Casa del Cura. Sabemos que vamos por buen camino porque reaparece la rueda de la fortuna, esta vez guardando las espaldas de Daoiz y Velarde.


Logroñés es señor al revés, Ayuso mequetrefe, Ayuso dimisión, Ayuso calamidad,... Son algunos de los mensajes de bienvenida que nos invitan a subir a lo alto de la casa, quizás de algún modo, esta puede ser también nuestra torre.

En lo más alto nos reciben quiénes la habitan en ese momento, el canto es su forma de comunicarse y nos invitan a sumarnos a su lengua, pronto se abren las audiciones. Rubén se anima, parece que de una deriva, salen otras derivas vitales.


Nuestra tirada está completa y toca leerla en su conjunto, pensar en qué cosas nos ha aportado esta lectura de un paisaje mil veces caminado.


Arrancamos con una carta caótica y hemos terminado con lo opuesto, hemos empezado con espacios privados, un cierto sentimiento de amenaza sobre los mismos y la convivencia del deseo y la imposibilidad del saber, para terminar en un centro de barrio donde reina la vida comunitaria. Ahora las voces del coro invaden el espacio de la plaza y todas sentimos que hemos compartido un momento mágico. No ha sido el único, en nuestro viaje a Grecia ha reaparecido la torre, proponiendo nuevas lecturas y haciéndonos pensar en esa sincronía que ha hecho que la rueda de la fortuna nos acompañe todo el camino, reapareciendo una y otra vez.

Las cartas nos han llevado por un camino que parecía marcado por lo inevitable, un paseo por un barrio atenazado por la gentrificación y la turistificación, que nos termina conduciendo a una plaza en la que a pesar de todo, se sigue rompiendo este esquema, especialmente a través de espacios como la última torre que hemos escalado, en definitiva, una lectura que reconforta y que nos ha llevado a esa carta final relacionada con la plenitud.


Nos hemos entregado al juego y esta ha sido nuestra lectura, posiblemente muy marcada por nuestros deseos, puede que por algunos miedos, pero sin duda una lectura que sólo podíamos tener desde este lugar y en este momento, una lectura que ha venido dada gracias a rendirnos a un pensamiento otro que nos ha brindado momentos mágicos y un cuerpo de apertura a lo que está por venir...


Ha sido maravilloso tener la oportunidad de ir la deriva por Madrid todo este tiempo, de perdernos, de encontrar tesoros y sorprendernos, muchas gracias a todas las personas que nos acompañaron y se prestaron al juego.


Nos despedimos de las derivas por ahora pero esperamos que nunca se agoten los paseos y caminos compartidos, ¡seguimos la marcha!


Fotografías de Lukasz Michalak y La Liminal

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