DERIVA #1. Veo, veo, ¿qué ves? Jugar con la ciudad

Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – dijo el Gato.

No me importa mucho el sitio… –dijo Alicia.

Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el Gato.

… siempre que llegue a alguna parte – añadió Alicia como explicación.

¡Oh, siempre llegarás a alguna parte – aseguró el Gato - , si caminas lo suficiente!

Alicia en el País de las Maravillas

El pasado sábado arrancábamos el ciclo de derivas por el barrio de la mano de Condeduque, institución que, en su nueva etapa, presenta un programa cargado de propuestas para la participación que van desde los grupos de pensamiento a todo tipo de actividades de mediación. Dentro de esta última línea de trabajo, que ha sido comisariada por Christian Fernández Mirón, desde La Liminal lanzamos dos propuestas, y junto con las derivas llegará en abril un taller de memorias del vecindario.

A la hora de caminar la ciudad, apostar por la deriva supone lanzarse de lleno a un terreno de exploración total, porque si algo la define es precisamente su indefinición, tiene un carácter totalmente impredecible. Con la deriva lo único que sabemos es por dónde empezamos, pero el rumbo que tomemos, así como los lugares en los que decidamos detenernos y acabar serán elegidos por el grupo a cada paso a lo largo del camino.

En los próximos meses las derivas se irán encadenando entre ellas, tendrán distintos enfoques y puntos de partida, y nos llevarán a otros barrios y contextos, generando un movimiento de paseos en espiral que, como no podía ser de otra forma, se puso en marcha en Condeduque. Y a la hora de pensar nuestra primera deriva en este entorno, nos detuvimos enseguida en una de sus peculiaridades: se trata de un barrio con tres nombres que no han dejado de estar vivos con el paso del tiempo, y que han perdurado como estratos semánticos de su historia. Estamos en Malasaña y en el Barrio Universidad pero también en el Barrio Maravillas.


Este último nombre es el más antiguo y surgió al hilo de una virgen y un convento, pero más allá de esto, la idea de caminar por la zona de Maravillas nos resultaba especialmente estimulante para arrancar con este ciclo por dos motivos. Primero, porque caminar en una deriva tiene en su esencia, como nos decían los situacionistas, la observación de todo lo que nos rodea como algo maravilloso. Segundo, porque la fascinación de volver a caminar por las calles y redescubrir la ciudad ha sido una experiencia colectiva que ha marcado en este tiempo nuestra vuelta al espacio público.

La ciudad es ahora más que nunca un lugar que debemos reapropiarnos y en esta deriva queríamos recuperar el experimentarla como un lugar amable, volviendo a ella de la forma más disfrutona y creativa que se nos ocurre: jugando. Quizás por eso, inmediatamente vino a nuestra cabeza la historia de Alicia, aquella niña que se atrevió a cruzar hacia otra realidad, un lugar donde todo parecía estar al revés y donde lo cotidiano dejaba de ser gris para convertirse en algo sorprendente.


Así que este fue el punto de partida para activar nuestros pasos por este particular barrio de las Maravillas y sumergirnos en la exploración de su lado más fantástico. Por eso utilizamos como brújula una baraja de Alicia en el País de las Maravillas, el azar y sus cartas fueron nuestras coordenadas.


Y lo que sucedió una vez que comenzamos a movernos siguiendo su orientación es que nos metimos de lleno en un paisaje cargado de pequeñas maravillas que se fueron encadenando exactamente como os relatamos a continuación:


El mensajero de corazones nos condujo a escuchar a la reina de los cuidados y su mensaje sonó alto y contundente: ¡Defiende la Sanidad Pública!

Un dodo nos descubrió la malicia en el barrio de las maravillas, y asomándose por una mirilla minúscula nos abrió la puerta de un falso after en obras.

Visitamos la manzana 320, y en la calle del acuerdo alguien saltó muy alto.

La sonrisa del gato nos recordó que no hay que tener miedo de mirarse a los ojos, y en el bosque de hormigón y plantas conocimos al rascainfiernos (dícese del rascacielos que ha pasado a través del espejo)

Un sombrerero cowboy nos condujo justo a tiempo al reloj y sus campanadas, recordando al conejo blanco, que iba vestido de frac, que llegaba tardísimo.

La gallina ciega nos llevó a encontrar una mariposa en la Escuela de la Guerra, y gracias al líquido invisible de las botellitas bébeme llegamos a ver un ventilador, un cable y un graffiti.

El viaje fue increíble, una especie de sueño fantástico del que salimos cuando sonó el despertador, pero antes de separarnos y disolvernos en la ciudad hicimos un pacto, siempre recordaremos lo que nos ha enseñado ese barrio de las Maravillas: volver a jugar, a sentirnos capaces de hacer nuestro el espacio, a leer sus señales, sus gentes, sus huellas... Volver a hacernos pequeñxs para aprender a mirar desde otro lugar y nunca dejar de sorprendernos.


Puede que al mirar nuestros barrios parezca que hay dodos por todas partes, que aquello que ha conformado la identidad de esta ciudad está desapareciendo para dar paso a paisajes y modos de vida más uniformes. Parece un cambio imparable, pero si algo hemos aprendido estos últimos meses, es que unidxs podemos transformar esta realidad, volver a poner a las personas en el centro y cuidarnos, cuidar lo que nos importa. Apostar por una ciudad más amable donde quepamos todxs, donde convivamos en armonía con la naturaleza y donde podamos seguir jugando y habitando las calles.


No dejemos que la ciudad deje de ser nuestra, no dejemos que las calles sean sólo un espacio de tránsito entre lugares “seguros” no dejemos que se vacíen nuestros barrios. Las lógicas aplastantes y las múltiples urgencias de los últimos meses parecen convertir la ciudad en un espacio extraño, sólo habitable desde el tránsito solitario o desde el consumo. Si la lógica no nos convence, seamos absurdos, juguemos, imaginemos, rompamos con lo establecido. Quién sabe, quizás así consigamos que vuelva la magia y empecemos a ver un camino hacia una nueva realidad cargada de posibilidades.


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